Audrey en casa. Recuerdos de la cocina de mi madre.

Recuerdos de la cocina de mi madre, la mía.

Me he comprado el libro de Luca Dotti que lleva por título “Audrey en casa. Recuerdos de la cocina de mi madre” y me está dejando maravillada. Maravillada por conocer a una de mis actrices favoritas, Audrey Hepburn, a través de su recetario, desde una perspectiva diferente, la de su hijo, cotidiana y familiar, la de la Audrey madre y cocinera. Me ha hecho pensar en todos los platos de mi madre que han formado parte de mi vida, las mejores paellas y tortillas de patatas del mundo, los mejores bistecs rusos y las mejores albóndigas con sepia.

Y lo mejor es el aderezo de estos platos, los momentos en los que hemos estado todos en la mesa los domingos junto a mi abuelo, riendo, contando anécdotas, chinchándonos las 3 hermanas en una adolescencia marcada por granos, curiosidad infinita y música de walkman nonstop. Menús más o menos sencillos pero con mucha salsa, la salsa que le ponían los novios que empezaron a desfilar a partir de una determinada edad, los que tuvieron que aguantar estoicamente las bromas de mi padre y los lamparones del cucharón alocado de mi madre. Más adelante vendrían las verduritas que me hacía mi madre cuando venía con el estómago revuelto de vivir en la India y que me sabían a gloria. (Entonces supe que el estómago era sabio y hablaba alto y claro pidiendo dieta blanda). Años más tarde también llegarían los interminables platos de macarrones gratinados que me preparaba una y otra vez porque debían dar paso al nacimiento de Bruna y que contribuyeron a mis 16 kilos extra, porque la niña no quería salir, pero los macarrones no paraban de entrar.

Ahora entiendo muy bien cuando dicen que la mejor red social es una mesa de comedor pues por ella han desfilado escenas memorables de silencios inoportunos, preguntas capciosas, secretos revelados a golpe de cuchara y unos cuantos atragantamientos de risa. Recuerdo una vez que mi madre acusó a mi padre de haber dejado escapar al periquito intencionadamente y mi padre, indignado, lanzó su plato de judías blancas al techo y provocó una lluvia más surrealista que la de las ranas en la película Magnolia.

Los recuerdos de la cocina de mi madre son maravillosos, nada tienen que envidiar a los del hijo de la actriz de Hollywood y seguro que tan especiales como todos los vuestros. A veces va bien pararse un momento y disfrutar de la memoria, que te regala auténticos paraísos perdidos.

Te quiero mami.

“En la cocina, como en la vida, mi madre se fue deshaciendo gradualmente de todo lo superfluo, para conservar sólo lo que realmente era importante para ella.” Luca Dotti.

¿Para cuándo una paella?