Detrás de cada detalle se esconde una historia

Así comienza la historia de Mademoiselle Coline como una aventura y un sueño hecho realidad, el de Marta Puig, que vive a caballo entre París y Barcelona y que desde pequeña siente una fuerte admiración y atracción por la belleza de los detalles: del marco de una puerta modernista, de una farola parisina, de un tocado de novia, de una escalera señorial, de un botón antiguo… Todo va tomando forma en su cabeza hasta que un día decide crear su propia colección de joyas artesanales con elementos de épocas pasadas.

 

 

 

 

Una delicadeza y un amor por lo que hace que queda plasmado en cada pieza.

La inspiración proviene de los efervescentes años 20 parisinos donde la intelectualidad hizo eclosión en forma de diferentes artes. Cada joya nos invita a soñar ya que conviven elementos de otras épocas rescatados con esmero y retrabajados en armonía con los gustos actuales.

 

 

 

 

 

Mademoiselle Coline es el nombre de una mujer francesa imaginaria pero bien podría haber sido la propia autora en los felices años 20 parisinos. El pasado y el presente, los sueños y la realidad, la conciencia y la pasión están conectadas en los artistas y muy a menudo dan los mejores frutos. Esta es una buena muestra.

 

 

 

 

 

Todo lo que se concibe con amor tiene sentido. Y te acaba enamorando.